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“Iconotextualidades en las culturas escritas de América Latina”


“Icontextuality in the Written Cultures of Latin America”

Dina Comisarenco Mirkin*
Luis Adrián Vargas Santiago**

* Instituto Nacional de Bellas Artes, Subdirección General de Educación e Investigación Artísticas, Ciudad de México, México, dinacomisarenco@gmail.com
** Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas, Ciudad de México, México, vargasluis@comunidad.unam.mx

Bibliología e iconotextualidad. Estudios interdisciplinarios sobre las relaciones entre textos e imágenes. Garone Gravier M, Giovine Yáñez MA. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Seminario Interdisciplinario de Bibliología, 2019, 422 pp., il. ISBN: 978-607-30-1422-9.

Recepción: 15.03.19 / Aceptación: 05.04.19


Palabras clave: Imagen y texto, relaciones palabra e imagen, visualidad, textualidad, representación.
Keywords: Image and text, word and image relations, visuality, textuality, representation.

Bibliología e iconotextualidad es uno de los tantos y significativos productos académicos del Seminario Interdisciplinario de Bibliología (SIB). Desde su fundación en el año 2012 -en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas (IIB) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)- es un grupo de investigación dedicado al estudio de la bibliología, en especial de los distintos aspectos materiales del libro, y abarca diversas líneas de trabajo, incluyendo las relaciones entre los textos e imágenes en los medios impresos, que es precisamente el fascinante tema del libro que reseñamos.

Coordinado por Marina Garone Gravier , el Seminario cuenta con miembros permanentes, pero también con numerosos especialistas invitados, que a través de sus conferencias amplían las perspectivas metodológicas discutidas en el seno del grupo de investigación. Es digno de destacar que en todas sus sesiones de trabajo mantiene sus puertas abiertas a toda persona interesada en los temas que allí se tratan, y que esta misma generosa e inteligente apertura hizo que las coordinadoras de este libro, Garone Gravier y María Andrea Giovine Yáñez, invitaran también a otros académicos de distintas instituciones y latitudes, que comparten el mismo interés interdisciplinar por los libros y que con sus miradas e intereses particulares contribuyen al interés de la temática general abordada.

Así en el texto, con el afán de desbordar fronteras que lo caracteriza, hay que señalar como uno de sus principales logros que participan autores de distintos centros de investigación y facultades de la UNAM como el Colegio de Letras Modernas, la Facultad de Artes y Diseño, el IIB, los de Investigaciones Históricas, Estéticas y Filológicas, el Colegio de Estudios Latinoamericanos, la Escuela Nacional de Lenguas, Lingüística y Traducción; de otros prestigiosos centros de investigación nacionales como el Instituto José María Luis Mora, y del extranjero como la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional San Martín y la Universidad Nacional de La Plata, de Argentina. Esta gran diversidad institucional y la intención incluyente que permitió a las coordinadoras organizarlos a todos, es uno de los primeros logros dignos de mención del texto.

El segundo gran logro editorial del libro tiene que ver con la transdisciplinariedad de la propuesta que le dio origen. En efecto, todos los que en la actualidad nos dedicamos a las humanidades -particularmente quienes estamos en el campo de la historia del arte-, o de forma más amplia, a la cultura visual, reconocemos que diversos intereses y enfoques teóricos son compartidos por académicos de varias disciplinas: teoría literaria, filosofía, antropología, psicología, lingüística, bibliotecología e historia del arte, entre muchas otras, y es este rico entrecruzamiento de intereses y abordajes metodológicos transdisciplinares uno de los aspectos de la antología que más aportan.

El tercer gran logro del texto tiene que ver con el tema en sí, pues como señala W. J. T. Mitchell, destacado académico y editor de Critical Inquiry: “la interacción entre imágenes y textos es constitutiva de la representación en sí: todos los medios son medios mixtos y todas las representaciones son heterogéneas; no existen las artes ‘puramente’ visuales o verbales”. Por consiguiente, profundizar en el estudio de la iconotextualidad de la forma en que se hace en el libro, resulta una tarea fascinante y enriquecedora para todos los interesados tanto en las imágenes como en los textos y en todas sus atrayentes intersecciones.

Otro aporte del libro se relaciona con un asunto generalmente obviado, pero fundamental para la experiencia fenomenológica de la lectura. Nos referimos a la materialidad del libro, tema de expertise de Marina Garone, por cierto. Celebramos que la materialidad de esta obra, en la cual se compilan 22 ensayos en 422 páginas, haya sido pensada en un formato amable para la lectura y su portabilidad. La tipografía, su tamaño y caja de texto son ideales, lo mismo que el gramaje del papel, pues es un libro ligero para todas las páginas que tiene. Por otro lado, se agradece también que los textos se acompañen en muchos de los casos con imágenes, no siempre como ilustraciones, sino como portadoras de otros sentidos. Quizá nuestra deformación como historiadores del arte nos hacen querer más imágenes y probablemente de mayor tamaño, pero entendemos bien los retos que, en términos de edición, impresión y costos, esto supone para una obra ya de por sí voluminosa.

Por último, pensando también la forma, ya no en un sentido de materialidad, sino en uno de estilo escritural, el libro en su conjunto presenta una variedad de formas del ensayo académico que en buena medida comparten una escritura generosa con los lectores. Se lee con facilidad y resulta ameno, además de que es lo suficientemente claro, sobre todo considerando que entre los 22 textos hay muy distintos horizontes de especialización y líneas de interés, por lo que no pocas veces se hizo necesario explicar tanto conceptos como genealogías, trayectos o historiografías disciplinares, que un lector no especialista agradece profundamente. Los ensayos que integran las seis secciones del libro son, asimismo, semejantes en extensión y estructura.

Aunque los textos pueden leerse de forma individual según el interés de cada lector, la obra en su conjunto, gracias en gran parte a la seriedad de los autores y a la cuidadosa e inteligente labor de las editoras, conserva la unidad del trabajo colectivo llevado a cabo en el Seminario que le dio origen. Las provocadoras preguntas que guían al texto y que conviene tener en mente cuando se lo lee son, en palabras de las editoras: “¿Qué y cómo representamos a través de los textos y las imágenes? ¿Cuáles son los niveles de significación que se generan en las articulaciones entre ambos? ¿Cómo leemos un iconotexto? Y ¿cuáles son las implicaciones de las fusiones entre imagen y texto en distintos géneros, épocas, contextos geográficos, culturales y disciplinares?”, preguntas que ofrecieron a los autores interesantes desafíos, que abordaron desde las especificidades de sus distintos casos de estudio con gran responsabilidad y talento.

El ambicioso programa del libro comienza adecuadamente con algunos textos de carácter teórico que nos permiten definir y delimitar ciertos conceptos clave que guían las reflexiones que siguen, y luego continúa con estudios de caso iconotextuales específicos, todos en medios impresos o virtuales tales como libros, revistas, periódicos y pantallas, que incitan a la reflexión, no con una intención enciclopédica que ilusamente podría pretender abarcar toda la historia, sino más bien para acercarnos al rico panorama de las relaciones imagen y texto en sus distintas opciones, para “detonar, generar, autentificar, reforzar, revelar, comentar, evaluar, contestar, didactizar, ideologizar, adornar”, abriendo así las puertas a futuros estudios sobre esos mismos casos o sobre otros más.

El volumen abre con un texto de Susana González Aktories en el que la autora, muy apropiadamente, realiza un excelente estado de la cuestión sobre la investigación de la iconotextualidad y la intermedialidad, demostrando la ambigüedad pero también la utilidad de dichos conceptos, que luego serán retomados en los distintos capítulos de la antología.

Continúa Fernando Zamora Águila, en este caso recuperando el proceso filogenético desde el surgimiento de los sonidos y las imágenes, primero indistintos, luego separados, hasta llegar al surgimiento de la escritura y a la disgregación definitiva entre lo racional y lo emocional, al igual que la distancia aparentemente insalvable entre las palabras e imágenes; las distintas formas de leer, a través de la historia y en las distintas culturas, y la necesidad de desarrollar una teoría nueva no sólo de la imagen sino de las relaciones divergentes y convergentes entre hablar, figurar y escribir.

En el tercer capítulo Irene Artigas Albarelli se concentra en los conceptos de iconotextualidad (una obra hecha a partir de signos visuales y verbales) y écfrasis (la representación verbal de una representación visual), así como en el género artístico de la naturaleza muerta o la pintura de género (a partir de la brillante écfrasis del connotado historiador del arte rumano Victor Stoichita de dos obras del genial pintor holandés Gabriel Metsu), poniendo a prueba sus intersecciones y diferencias, e incitando a la reflexión sobre las complejas y ricas relaciones entre presencia y representación, y los alcances mismos de los estudios interdisciplinares.

Cierra esta primera sección teórica el texto de una de las coordinadoras, María Andrea Giovine Yáñez , sobre el interesante tema de las relaciones iconotextuales, ahora en el caso de la poesía en soportes alternativos. Giovine Yáñez realiza un interesante recuento de distintos autores que trataron la relación pintura-poesía a través del tiempo, pasando por el famoso locus clásico horaciano ut pictura poesis y su equivalencia al partir tanto la pintura como la poesía de la realidad y de su adecuación mimética; trata también la diferencia establecida por el filósofo y crítico Gotthold Ephraim Lessing en su texto célebre sobre el Laocoonte entre las artes plásticas y las literarias; hasta llegar a autores contemporáneos como Mieke Bal, Norman Bryson, Peter Wagner y W. J. T. Mitchell, quienes señalan la necesidad de disolver los cruces entre lo visual y lo poético, que son más imaginarios que reales pues, en definitiva, todos son sistemas de signos, lo cual nos permite estudiar sus estructuras retóricas comunes. Por último, la autora analiza algunas obras iconotextuales como la de la artista mexicana Miriam Medrez, la norteamericana Lesley Dill, el escocés Robert Montgomery y el norteamericano Joseph Kosuth, abriendo así, provocadoramente, la discusión para las siguientes secciones de la obra.

En efecto, después de esta sección de corte teórico el libro aborda no sólo distintas épocas históricas y contextos geográficos, sino también diferentes medios impresos tales como códices, libros de historia sagrada, álbumes de moda, portadas de partituras, poesía visual, publicaciones periódicas, plataformas digitales, logos, la fotografía y el collage, entre otros muchos otros. Veamos entonces el contenido de algunos de los textos.

En el segundo apartado Patrick Johansson se ocupa, en “La palabra y la imagen en los códices nahuas”, de interrogar algunos códices nahuas a partir de la semiología, para leerlos como formas de escritura susceptibles de un análisis que a veces les es negado por considerarlos formas de protoescritura o iconografía. Separándose del logocentrismo, Johansson pone de relieve cómo en culturas mesoamericanas la imagen no fue sometida, sino más bien aliada y complemento del verbo. Es así como se acerca a algunos códices de la cultura náhuatl, por ejemplo Borgia, Boturini y Mexicanus, entre otros, con particular interés en las relaciones que adquieren las palabras bajo contextos expresivos específicos de fonética y sonoridad: “verbo e imagen se vinculaban estrechamente en la producción del sentido sin que el discurso pictórico estuviera del todo sometido a la lengua” (p. 88). Al estudiar la progresiva integración de diálogos y glifos fonéticos en la pictografía nahua en tiempos de la Conquista, el autor advierte cómo las relaciones entre imagen/verbo fueron modificándose, quizá como recurso para retener las historias, pero cambiando los patrones expresivos de la transmisión pictórica de los relatos y, por tanto, de una manera de pensar.

Desde el mundo maya, el epigrafista del Instituto de Investigaciones Estéticas Erik Velásquez utiliza una perspectiva retórica para analizar las relaciones entre jeroglíficos e imágenes pictóricas o, puesto en sus términos, entre imágenes no verbales y textos escritos. Para ello, en su ensayo “Retórica de la imagen y la palabra en los códices mayas”, analiza distintas secciones de códices como el Dresde y el de Madrid, a fin de demostrar que el análisis retórico que desde años recientes se ha implementado para analizar jeroglíficos bien puede también usarse y enriquecerse sustancialmente con el análisis de la retórica en las imágenes figurativas no verbales. Su entendimiento de la retórica es que es deudora de la historia del arte y posibilita interpretar las imágenes más allá de una presunta verdad, tomando en cuenta lo que de intencional y subjetivo yace en toda imagen, “pues toda imagen producida por el hombre, es una subversión o desvío retórico que se expresa mediante tropos o figuras. Es retórica visual. Es ilusión” (p. 118). Sin embargo, el autor también es cauteloso en señalar algo semejante a lo que ya abordaba Johansson para el caso nahua, consiste en los límites que tiene la interpretación de los iconotextos antiguos, pues además de la relación entre imagen y texto, se complementaban con una dimensión oral y fonética que hemos perdido.

En su capítulo, Laurette Godinas se concentra en el estudio de la iconotextualidad en el muy interesante caso de los Proverbios de Séneca, traducidos y glosados por Pero Díaz de Toledo, un texto que fue muy popular en la Edad Media española. La autora se concentra, particularmente, en la dispositio, es decir la forma de organización de la página, que analiza con mucho detalle, iluminando así no sólo los aspectos materiales de la obra, sino abriendo la posibilidad de estudio en relación tanto con la recepción como con la intención misma del texto en sus distintas versiones.

“Aproximaciones al estudio de la cultura visual en el libro impreso novohispano” de Marina Garone, coeditora del volumen e investigadora del IIB, propone estudiar los libros coloniales desde una perspectiva integral, en la que la materialidad forme parte constitutiva del análisis y la imagen no sea descontextualizada del texto que la porta. La riqueza de este análisis radica en su capacidad de mostrar los complejos procesos de producción y simbolización de las sociedades novohispanas. Para sustentar este argumento de trabajo, Garone recorre distintos tipos de aproximaciones al estudio de la tipografía, las imágenes librescas y los impresos novohispanos para después, a partir de casos específicos, ejemplificar cómo la imagen en un libro novohispano puede ser comprendida de forma holística.

El tercer apartado abre con un texto sobre el siglo XIX, “Libros para la clase. Imágenes de historia sagrada y moral en las escuelas de primeras letras de la Ciudad de México (1835-1867)” a cargo de Kenya Bello, quien nos acerca a la educación moral que privó en los ámbitos pedagógicos. Comparando la presencia y cambios de contenidos e imágenes moralizantes y bíblicas en distintas ediciones decimonónicas del Catecismo histórico del abate Claudio Fleury y de El amigo de los niños del abad Joseph Reyre -publicados respectivamente en Francia en 1683 y 1765-, Bello reconoce los cambios de paradigmas eclesiásticos, políticos y morales en momentos claves del siglo XIX mexicano, pero sobre todo el papel central que jugaron tanto libreros e impresores mexicanos como franceses en configurar el ideal de libro escolar de la época, a partir de la generación de nuevas estrategias editoriales (visuales y textuales), al igual que las formas de producción que hicieron asequibles estos libros para un mayor número de lectores.

El texto de Sandra Szir está dedicado al estudio de los Trages y costumbres de la Provincia de Buenos Ayres, un álbum litográfico de las primeras décadas del siglo XIX que privilegia el carácter visual sobre los escasos textos incluidos en sus páginas. La originalidad del capítulo proviene de su enfoque metodológico a partir de la historia cultural, entrecruzada transdisciplinariamente con otras herramientas analíticas de la historia del libro y con algunas estrategias interpretativas de la historia del arte. El análisis detallado de las ilustraciones, principalmente en relación con sus características formales, las clases representadas y sus tradiciones iconográficas, así como las páginas dedicadas a la serie de extravagancias, con las ilustraciones satíricas de las gigantescas peinetas en boga por aquel entonces, abren interesantes y provocativas posibilidades relacionadas con el análisis del papel de las mujeres dentro del espacio público en aquel entonces.

Por su parte, María Esther Pérez Salas, del Instituto Mora, da cuenta de la cercanía y afinidades entra las partituras musicales del siglo XIX mexicano y el Romanticismo. Su ensayo “Imágenes musicales que seducen. Litografía y música romántica en el México decimonónico” aborda además el importante y casi desconocido trabajo que los talleres litográficos realizaron en la producción de partituras, en especial las ilustradas, cuyas portadas son analizadas en detalle por la autora, estableciendo concomitancias con modelos y temas románticos, por ejemplo el retrato femenino, la alegoría o el paisaje.

En el cuarto apartado “Vivir el paréntesis. Palabra, visualidad y estridentismo” de Rodrigo Leonardo Trujillo Lara, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, es un interesante ensayo que propone la noción de paréntesis conceptual para explorar las formas en que textos e imágenes funcionan como un collage en la literatura estridentista, especialmente la de Arqueles Vela y Luis Quintanilla. Este paréntesis, propone el autor, suspende, por medios visuales, la discursividad, alentando una poética de fragmentos y desvanecimientos donde el efecto performativo de la recepción busca en un instante la sorpresa y la novedad.

Geraldine Rogers propone una expansión de la historia literaria por medio de la incorporación de publicaciones hemerográficas e imágenes, generalmente dejadas de lado o eclipsadas por la centralidad de los libros. “Textos recobrados, imágenes borradas. Raúl González Tuñón del periódico al libro” es una puesta en práctica de este llamado, donde la autora indaga en la obra de este poeta de la vanguardia argentina, a partir de escritos divulgados en revistas y diarios durante los años 30. En estas publicaciones se hace ostensible la transformación de los textos del poeta, así como las mudables condiciones de su lectura. De nuevo nos enfrentamos a la necesidad de recuperar el carácter compuesto de la literatura, y la fenomenología que envuelve su circulación y recepción.

Yanna Hadatty Mora introduce el caso de la colección La Novela Semanal del periódico El Universal Ilustrado (1922-1925), destacando ahora la disyunción entre las ilustraciones y los textos, y las muchas ambigüedades planteadas en el objeto de estudio, en relación con la representación de los roles socialmente asignados a las mujeres, donde se enfrentaban los tipos de la flapper, pelona y mala, y el de la india con trenzas y buena. La autora plantea así discursos paralelos a los ofrecidos en los textos, para reforzar el dictado social de la victoria moral de las mujeres tradicionales sobre las modernas.

Rodolfo Mata Sandoval aborda -en su colaboración titulada “José Juan Tablada digital y la génesis de una hiperlectura”- las transformaciones y re-mediación que la obra del poeta y pintor finisecular experimenta en plataformas digitales. Este recorrido está mediado por la experiencia del investigador, quien ha estudiado a Tablada desde hace más de 20 años, involucrándose no solamente en su investigación en un sentido más tradicional, sino en su difusión y traslado a distintos soportes y plataformas, que van desde los discos compactos hasta la web, donde los iconotextos del escritor modernista adquieren la posibilidad de ser intervenidos a través de la interacción hipertextual del público.

El quinto apartado abre con María José Ramos de Hoyos, quien destaca el uso de la composición tipográfica que hicieron muchos escritores mexicanos en las décadas de 1960 y 1970 -en particular aquellos que publicaron con el extraordinario editor Joaquín Díez-Canedo-, al igual que el énfasis en la materialidad visual de los contenidos como un recurso literario que altera la lectura lineal acostumbrada, para incrementar así el potencial expresivo y el valor estético de sus textos.

“Palabras y dibujos. Algunos trazos grotescos en la estética de Juan Emar”, de Víctor Manuel Osorno Maldonado, se acerca a la obra de este escritor, crítico de arte y pintor chileno de la vanguardia, a partir de una serie de textos periodísticos titulados “Notas de Arte” y algunos dibujos. En la producción de Juan Emar se conjugaron importantes tesis vanguardistas con esbozos y textos estrafalarios que, a decir de Osorno, son fundamentales para entender su propuesta estética de forma más compleja.

En su texto Juan Porras Pulido destaca la importancia de la conjunción de imagen y texto en el programa de comunicación de los Juegos Olímpicos de México 1968. Partiendo del estudio del logo y sus distintas adaptaciones a otros objetos como carteles y esculturas, el autor propone sumarse a los estudios del diseño del 68 incorporando otras herramientas de análisis que trasciendan a la descripción de los elementos gráficos con que comúnmente se ha abordado el tema, para abarcar también el contexto sociopolítico de aquella época.

El sexto apartado comienza con el texto de Adrián Reyes Hernández, quien a partir del espacio, el tiempo y la perspectiva se aproxima a la narratividad fotográfica. Tras el análisis puntual de varias fotografías icónicas basado en estas tres categorías, su ensayo “Disecciones semióticas para una narratividad fotográfica” confirma que la narratividad en fotografía señala la complejidad de la textualidad de la imagen icónica, así como su capacidad de movilizar no sólo un mensaje, sino una propuesta estética y una premura ética.

Por su parte, Martín Olmedo Muñoz en “Desmembrar, reusar y rehusar imágenes y palabras: entre la emblemática renacentista y el collage vanguardista” aborda el collage contemporáneo como una forma de expresión capaz de generar relaciones iconotextuales, con nuevas formas y contenidos. Para ello, analiza una variedad de operaciones en que se desmiembran contendidos, se reúsan imágenes y textos en una relación dialéctica, y se rehúsan o rechazan contenidos iconográficos y literarios en un sentido convencional, mostrando así las posibilidades de comunicación del collage para ser un perceptor crítico.

Cinthya García Leyva plantea una revisión general de la noción de paideuma, característica del concretismo brasileño que apela a los sentidos de forma simultánea, al tiempo que recupera proyectos artísticos y literarios, figuras autorales, manifiestos y estilos tanto anteriores como contemporáneos de distintos lugares, épocas e intenciones estéticas, con el propósito de disparar nuevas correspondencias. La autora se concentra en el caso de poesías concretas mexicanas, por ejemplo algunas obras de Mathias Goeritz, Ulises Carrión, Octavio Paz y Marco Antonio Montes de Oca, pues si bien afirma que esos autores no constituyeron grupos, sí aplicaron algunas de dichas estrategias en sus producciones experimentales.

Otro texto dedicado a la poesía mexicana es el de Roberto Cruz Arzabal, quien parte de la noción de “superficie significante” en la fotografía -del destacado filósofo checo Vilém Flusser- y propone leer la página también como una superficie significante producida técnicamente y que a su vez contiene otras superficies, que son las imágenes. Tras un detallado análisis de algunas de las páginas de <Palas> (Ricardo Cázares) y Catábasis exvoto (Carla Faesler), el autor concluye que en el estudio de estos objetos intermediales resulta interesante preguntarse más que por su significado, por el sentido mismo de su significación.

Puesto que venimos del campo disciplinar de la historia del arte y de los estudios visuales en México, estamos acostumbrados entonces a los estudios transdisciplinares concentrados en un contexto histórico y geográfico específico, sin embargo debemos reconocer que leer este libro, caracterizado por una amplitud de casos extraordinaria, nos resultó original y atrayente.

Estudiar a fondo las relaciones que existen entre la imagen gráfica y el texto que aparecen juntos en un medio impreso, más allá de sus variadas circunstancias contextuales, tal y como se hace en la antología de textos que aquí reseñamos, puede abrir interesantes lecturas de carácter transdisciplinar. En efecto, si bien ni las imágenes ni las palabras son “transparentes”, sino que requieren siempre de la interpretación que necesariamente cambia a través del tiempo y las personas, el estudiar comparativamente sus diálogos intertextuales o intermediales puede ayudarnos a comprender sus discursos con más profundidad, no sólo en los medios impresos, sino en la producción cultural en general.

Los libros que hablan sobre libros tienen una obligación extra respecto a otros libros, pues deben encarnar de manera decidida, por definición, aquello que exponen teóricamente. En este ejemplar, tanto los autores de los 22 capítulos que lo componen como las coordinadoras Garone Gravier y Giovine Yáñez en la introducción y edición, realizaron un extraordinario trabajo, no sólo por el nivel del contenido -interesante en sí-, sino porque todos atienden a las preguntas y los objetivos generales que les dieron origen, lo cual revela una responsabilidad autoral y editorial digna de gran admiración. En conjunto, este libro ofrece un muy rico y amplio panorama sobre las múltiples posibilidades que las relaciones iconotextuales han tenido a través de la historia y de los distintos medios utilizados, y se antoja ahora un segundo volumen que siga profundizando en estos fascinantes y poco explorados temas y perspectivas metodológicas transdisciplinares.