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Advertencia editorial


Advisory Notice

Laurette Godinas*
Irma Elizabeth Gómez Rodríguez**

* Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Ciudad de México. México. lgodinas@unam.mx. https://orcid.org/0000-0002-4417-9837
** Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Ciudad de México. México. irmae@unam.mx. https://orcid.org/0000-0002-1124-5877

bg01.Sep.21; 4(2)


2021 está marcado por grandes conmemoraciones, como los 200 años de la Consumación de la Independencia de México y los 500 años de la conquista de Tenochtitlán, las cuales han dominado la discusión pública, restando visibilidad a los centenarios de otras instituciones con gran relevancia en los esfuerzos por reconstruir la nación tras los años caóticos de la Revolución mexicana. En este marco, en Bibliographica queremos rememorar dos fundaciones centenarias, ambas asociadas a la portentosa figura de José Vasconcelos: la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la revista El Maestro, vocera y bastión de la reforma educativa y cultural que daría sentido a la patria que renacía.

Esta secretaría, creada por decreto presidencial en septiembre de 1921, recogería los ideales revolucionarios de justicia vertidos en la Constitución de 1917, fundamentados en el restablecimiento del orden, el desarrollo del individuo y la evolución del sistema social hacia dinámicas más igualitarias, mediante la federalización de la instrucción pública y la instauración de un proyecto cultural incluyente de gran amplitud.1

Lo anterior requeriría, por un lado, la transformación de las funciones desempañadas por los agentes del campo cultural, quienes debían realizar su labor desde una perspectiva social y popular que procurara diseminar el conocimiento y la experiencia artística más allá de los cenáculos privilegiados y beneficiar a las mayorías; y, por otro, el desarrollo de recursos que fungieran como mediaciones efectivas y variadas para la difusión de saberes científicos, técnicos, humanísticos y artísticos. Entre ellas, las revistas ocuparon un lugar predominante, ya que su carácter heterogéneo y periódico permitía la difusión continua de una amplia variedad de temáticas; las necesarias para acompañar la formación del individuo en sus diferentes facetas, proporcionándole conocimientos básicos y suficientes.

José Vasconcelos, consciente de la significativa función de las publicaciones periódicas como mediaciones de gran calado, otorga prevalencia a El Maestro. Revista de Cultura Nacional -que él mismo fundó en abril de 1921,2 durante su etapa como rector de la Universidad Nacional, y puso bajo la dirección de Enrique Monteverde y Agustín Loera y Chávez-, en la medida que los principios que alentaron su creación coincidían con los que sustentaban los objetivos de la revolución educativa.3

En el mensaje inaugural de la revista Vasconcelos estableció que, para reorganizar el país y procurar su progreso, era imperativo que todo individuo desarrollara sus capacidades y elevara su espíritu. Lograr este objetivo requeriría transformar el enfoque desde el que se generaba e impartía el conocimiento, movilizándolo de la producción cerrada e individualista hacia otra más democrática, vinculada con la vida en comunidad:

Nuestra ciencia, encerrada entre las cuatro paredes de unos cuantos colegios, ha sido vana y servil, y nuestra acción intermitente y desorientada no ha sabido dedicarse a hacer iguales a nosotros a las antiguas razas conquistadas, a los que, siendo nuestros hermanos, serán eternamente una carga ruinosa, si nos desentendemos de ellos, si los mantenemos ignorados y pobres; pero, en cambio, si los educamos y los hacemos fuertes, su fortaleza sumada a la nuestra nos hará invencibles. 4

La visión de Vasconcelos sobre la producción y distribución del conocimiento marca un rompimiento con la concepción del determinismo social, según la cual sólo los aptos podrían gozar de los beneficios de la movilidad, libertad y el desarrollo intelectual y espiritual, postulando en cambio la posibilidad de que, al educar a las masas para elevarlas, se generaba en ellas la capacidad de evolucionar “por su propia persona”,5 una perspectiva que se mantuvo hasta el final de la publicación. Vasconcelos señaló durante una conferencia, recogida después en el Boletín de la Secretaría de Educación Pública, que el objetivo era formar “buenos ciudadanos; es decir, hombres y mujeres libres, capaces de juzgar la vida desde un punto de vista propio, de producir su sustento y de forjar la sociedad”.6

Asegurar los efectos positivos que suponía redistribuir y reorientar conocimiento demandaba un cambio en la comprensión del papel desempeñado por los agentes involucrados en la instrucción del pueblo −maestros, intelectuales, artistas, editores−, cuya autoridad ya no se basaría en la especialización y posesión de saberes, sino en la capacidad de movilizar sus conocimientos e incorporar sus actividades y productos educativos y culturales hacia un horizonte de recepción más amplio donde a los estudiantes formales se sumaran otros sujetos, especialmente los menos favorecidos −obreros, campesinos, indígenas−. Así, los atributos más celebrados en los personajes asociados a la educación fueron la fraternidad y solidaridad, identificados por algunos colaboradores de la revista como cualidades espirituales. Al respecto, Gabriela Mistral señalaría sobre la figura del maestro: “La crisis de los maestros es crisis espiritual: preparación científica no suele faltarles, les faltan ideales, sensibilidad y evangelismo (perdone la palabra). La enseñanza técnica que recibieron primero y la cátedra después, han ido haciendo de ellos un recitador ordenado y paciente de textos y fórmulas, y el alma, o no la tuvo nunca o la ha perdido.7

La voluntad de escribir “para los muchos”8 requería dos condiciones fundamentales. Por un lado, era preciso regular el lenguaje y los recursos verbales empleados, para asegurar una comunicación sencilla y eficiente. Vasconcelos señaló la pertinencia de que los colaboradores iniciaran “un nuevo periodo, que bien podríamos llamar antiliterario y que sirviera para decir las cosas como son, muy lejos de la tiranía de las formas, muy lejos del vano fantasma de la gloria […] y que permitiría buscar esa verdad que tanto necesitamos”.9 Más que una denostación de las formas literarias, esta aseveración es una invitación a liberarse de las convenciones que normaban los géneros tradicionales, periodísticos y literarios que confluían en la publicación, en aras de crear un sistema de comunicación más directo que favoreciera a los lectores carentes de educación formal, lo cual no implicaría que la información tuviera un déficit de calidad. Por otro lado, demandaría abrir el espectro de temáticas para incluir todo tipo de contenidos, cuya selección quedaba establecida por su utilidad para satisfacer las necesidades e intereses de los receptores a quienes se destinaba la publicación, una premisa cumplida cabalmente en El Maestro.

Las 100 a 200 páginas de la revista desplegaron temas que iban desde lo científico, humanístico y técnico hasta consejos prácticos para la vida cotidiana, todos tratados por grandes escritores nacionales, hispanoamericanos y europeos como Ernesto Martínez de Alba, Carlos Pellicer, Vicente Lombardo Toledano, Salomón de la Selva, Rosaura Zapata y el propio Vasconcelos, entre muchos otros. Los contenidos se articularon en secciones bien definidas, dispuestas en una arquitectura textual jerarquizada. La primera estuvo dedicada a artículos de opinión y de fondo, focalizados en temáticas relacionadas con la misión de la educación, la historia, la pedagogía, la vida universitaria, la función de los intelectuales y artistas. Inicialmente, este espacio excluyó la política, pero más adelante fue incorporada, igual que las discusiones ideológicas. A esta sección seguían las tituladas “Pláticas Instructivas”, “Temas Diversos” y “Conocimientos Prácticos”, en las que se distribuían temas científicos y técnicos, enunciados en registros descriptivos y sociológicos, donde se reflexionaba sobre valores asociados al trabajo comunitario socialmente comprometido. Completaban la revista apartados relativos a la literatura y poesía, con materiales dirigidos, por ejemplo, a los niños.

Los textos iban acompañados regularmente con materiales gráficos, entre los que destacan las imágenes de portada, pues recogían motivos clásicos y, sobre todo, regionales e indígenas que incorporaban la noción de mexicanidad, fundamental en esa otra concepción mayor de la cultura nacional, entendida como programa ideológico y político que buscaba la cohesión interna y se constituiría a partir de ideas, elementos emocionales, fervores, antagonismos y nociones de belleza en los que concurría y se identificaba la comunidad.10

La imagen de la portada y el banner de este número de Bibliographica presenta un motivo vegetal, plenamente asociado a ese programa ideológico y con la voluntad de recuperar lo propio: una cactácea que no sólo es común en el paisaje mexicano, sino que era un motivo recurrente en las artesanías textiles y de cerámica; labores artísticas del pueblo, reivindicado a través de signos auténticos de la cultura popular. Apareció originalmente en la tapa del número seis del segundo tomo de El Maestro, publicado en 1922.

El Maestro. Revista de Cultura Nacional es una obra relevante en la historia de la cultura escrita de México, por la cantidad y la calidad de las plumas que concurrieron en ella, los objetivos que la alentaron y porque en sus páginas se articulan la ciencia, la técnica, el arte y la literatura, para cumplir con la ambición máxima de transformar al ciudadano mediante la educación, durante una etapa en que la nación mexicana buscaba su recomposición. La Biblioteca Nacional de México cuenta con originales de esta publicación, en resguardo en el Fondo Contemporáneo de la Hemeroteca. No queríamos dejar de aprovechar estas efemérides para rendirle un merecido homenaje.


Referencias
Fell, Claude. José Vasconcelos. Los años del águila (1920-1925). Educación, cultura e iberoamericanismo en el México posrevolucionario. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1989.
Leines Mejía, Armando. “El Maestro: revista de cultura nacional (1921-1923)”, Tema y variaciones de literatura: revistas y suplementos literarios, núm. 25 (semestre 2, 2005): 63-86.
Loyo, Engracia. Gobiernos revolucionarios y educación popular en México, 1911-1928. México: El Colegio de México, 1996.
Loyo, Engracia. “Lectura para el pueblo 1921-1940”. En La educación en la historia de México. Introducción y selección de Josefina Zoraida Vázquez, 243-290. México: El Colegio de México, 1992.
Louis, Annick. “Leer una revista literaria: autoría individual, autoría colectiva en las revistas argentinas de la década de 1920”. En Laboratorio de lo nuevo. Revistas literarias y culturales de México, España y el Río de la Plata en la década de 1920. Edición de Rose Corral, Anthony Stanton y James Valender, 27-53. México: El Colegio de México, 2018.
Mistral, Gabriela. “Una carta de Gabriela Mistral”. El Maestro II, núm. 1 (octubre de 1921): 57-59.
Monsiváis, Carlos. “Cultura nacional y cultura colonial en la literatura mexicana”. En Características de la cultura nacional, 57-76. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1969.
Ortega Ibarra, Carlos. El Maestro. Revista de Cultura Nacional, 1921-1923: su papel en la divulgación de conocimientos científicos y técnicos. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2004.
Vasconcelos, José. “Un llamado cordial”, El Maestro I, núm. 1 (1o. de abril de 1921): 5-9.
Vázquez, Josefina Zoraida, introd. y selec. La educación en la historia de México. México: El Colegio de México, 1992

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