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El poder de las letras. Por una historia social de las universidades de la América hispánica en el periodo colonial


Manuel Suárez Rivera*

* Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Ciudad de México, México, manuelsr@unam.mx

González González E, Gutiérrez Rodríguez V. El poder de las letras. Por una historia social de las universidades de la América hispánica en el periodo colonial. México: UNAM / BUAP / UAM / Ediciones EyC, 2017, 968 pp. ISBN: 978-607-83-4458-1

Recepción: 01.02.18 / Aceptación: 07.02.18



El poder de las letras es una obra fundacional que tiene sin duda el potencial para inaugurar una serie de estudios históricos sobre las universidades del llamado “antiguo régimen” en el ámbito latinoamericano. Se trata de una obra con casi mil páginas donde Enrique González y Víctor Gutiérrez reflexionan profundamente sobre la historiografía en las universidades latinoamericanas y ofrecen los elementos necesarios para que futuras generaciones se encarguen de escribir una nueva historia que permita comprender el papel de los académicos en la sociedad del antiguo régimen.

El título completo del libro es El poder de las letras. Por una historia social de las universidades de la América hispánica en el periodo colonial. Es decir, tiene nombre y apellido; el nombre es muy atractivo pues refleja lo que significó la formación académica de quienes se encargarían de administrar el enorme aparato burocrático del continente americano; una cuestión que implicaba poder y requería de una vida letrada. Sin embargo, la clave de la obra está en el apellido; inicia con la preposición “por”, que -según el diccionario de la Real Academia- “denota tránsito por el lugar indicado.” Y es que el texto de González y Gutiérrez es justamente eso; 968 páginas que muestran el camino que deben y pueden seguir las investigaciones históricas en torno a las universidades en América Latina. Contiene una profunda revisión sobre lo que hasta el momento se ha realizado al respecto y nos da las armas metodológicas y documentales necesarias para emprender ese tránsito hacia una mejor comprensión de nuestro pasado. Es una guía en toda la extensión de la palabra.

La obra se divide en tres grandes partes. La primera se titula “Repensar la historia de las universidades coloniales”; la segunda, “Las ciudades, las universidades y las fuentes”, mientras que la última parte se denomina “Manuscritos e impresos, una guía documental”. A estas tres partes yo agregaría una cuarta, que no carece de relevancia en relación con las tres secciones en las que los autores han dividido su trabajo, pero que no es considerada un capítulo; me refiero a la bibliografía. En efecto, no se trata sólo de una sección en la cual se incluyen las fuentes secundarias utilizadas; sino que es una sistematización -a mi parecer la mejor que se ha hecho hasta ahora- sobre todos los temas relativos a las universidades en la época colonial en América latina, lo cual sin duda no es poca cosa. Además, debemos agradecer a los autores que la dispusieran por país, ya que es aún más sencillo para el lector ubicar los textos de su interés. Para dar una idea de la magnitud de esta monumental bibliografía debo destacar que comienza en la página 751 y termina en la 952; es decir, se despliegan más de 200 páginas de referencias bibliográficas; en perspectiva, la primera parte del libro ocupa 169 páginas. Cuenta además con un índice onomástico, lo que complementa la obra de forma maravillosa, por la gran utilidad de este tipo de índices.

Ahora bien, la premisa principal de la cual parte es una crítica a la forma en la que hasta el momento se han elaborado las investigaciones históricas sobre la educación universitaria en el mudo hispanoamericano. En términos generales, podemos decir que ha sido una historia hecha sólo a partir de fuentes de carácter oficial y documentos de tipo legal, por lo que nuestra visión está sesgada de origen. Otro problema crónico padecido por la historiografía universitaria en nuestro continente es el carácter apologético, que ha generado una serie de discusiones sin sentido sobre el afán absurdo de saber cuál es la institución más añeja de América. Por otro lado, el lenguaje propio del mundo universitario del antiguo régimen nos es cada vez más lejano y la historicidad de los términos empleados ha fomentado que nuestras conclusiones estén viciadas de origen, por ignorar precisamente el valor histórico de conceptos como “real y pontificia” o equiparar indistintamente las universidades con los colegios; es decir, estudiar las universidades de antiguo régimen con términos propios del siglo XX. Anacronismos que han cobrado su cuota al estudio serio y sistemático de la historia de la educación universitaria.

A partir de estas críticas o, mejor dicho, de estos serios problemas historiográficos, los autores dedicaron bastantes años de su vida a ubicar y sistematizar las fuentes que permitieran reconstruir la vida universitaria latinoamericana desde otras perspectivas, además de las “oficiales”. Para ello, Enrique González tuvo el apoyo de la prestigiosa beca Guggenheim (John Simon Guggenheim Memorial Foundation) otorgada en 2009 y gracias a la cual pudo consultar archivos en más de 10 países diferentes, propiciando la génesis de esta monumental obra.

Uno de los mayores aciertos de El poder de las letras es que está estructurado y redactado de una manera que permite leerlo fácilmente sin ser especialista en el tema de la historia de las universidades. Los autores se han esmerado en explicar ampliamente tanto la estructura de gobierno de las corporaciones como su historia misma. Especialmente, la primera parte está dedicada al análisis general del mundo universitario desde sus objetivos principales, la generación de letrados dedicados a administrar el enorme aparato burocrático hispano en América, hasta las discusiones historiográficas de cada uno de los centros universitarios en Indias, así como la definición de viejos problemas conceptuales como el uso indistinto de las palabras “real y pontificia”.

En lo particular, la obra ayuda a clarificar el conocimiento que tenemos sobre las universidades hispanas, desde sus aspectos más generales hasta cuestiones geográficas que solamente pueden ser detectadas a través de la elaboración de obras de gran calado, como la que aquí se reseña. Por ejemplo, la simple ubicación de la sede de las universidades nos habla de las diferentes dinámicas sociales que se dieron en Europa y América. En efecto, mientras que en la Europa medieval las universidades encontraban su sitio en pequeñas ciudades como Bolonia, Leiden, Lérida, Oxford y Cambridge, por mencionar algunas, en América los estudios eran regularmente elaborados en grandes centros urbanos que contaban con toda la estructura de gobierno civil y eclesiástico, como la audiencia o el cabildo. Este fenómeno de geografía histórica permite vislumbrar dinámicas sociales específicas que hablan de los distintos usos sociales que adquirió la universidad en zonas geográficas tan distantes.

Mención especial merece el apartado “Hacia la historia social. Perspectivas de investigación”, pues presenta un balance historiográfico de los momentos que han padecido las investigaciones sobre el tema universitario, desde su naturaleza oficialista y apologética hasta los nuevos enfoques que le dieron renovada vida. En ese sentido destacan a partir de la década de los setenta, concretamente en 1974, autores como Lawrence Stone con The University in Society (desde el seminario en Princeton), y Richard Kagan con Students and Society in Early Modern Spain, mientras que en el ámbito hispano Mariano y José Luis Peset dieron a la luz La universidad española (siglos XVIII y XIX). Despotismo ilustrado y revolución liberal. En el mismo sentido, pero ya en la década de los ochenta, la historiografía francesa aportó la obra colectiva Les universités européennes du XVI e au XVIII e siècle. Histoire social des populations étudiantes, coordinado por Dominique Julia, Jacques Revel y un joven Roger Chartier.

Enrique González considera, con gran acierto, que estas cuatro obras inauguraron nuevos enfoques y métodos de estudio sobre la historia de las universidades, temas como la inserción social de los graduados y el tamaño de las matrículas fueron objeto de estudio en el mundo, España y México incluidos. Al respecto, puedo decir que en el ámbito hispanoamericano El poder de las letras tiene el potencial para reclamar un lugar en este cúmulo de obras fundacionales, en virtud de la enorme cantidad de datos útiles que aporta.

La segunda parte contiene un balance historiográfico y documental de las 27 universidades en las 15 ciudades americanas que las hospedaron. Para el lector resulta sumamente útil tener en un mismo apartado tal cantidad de información, ya que permite contar con una visión de conjunto que sólo sería posible si se consultaran un número significativo de obras secundarias; en ese aspecto, la capacidad de síntesis del autor es notable y dota al lector con un arsenal bibliográfico significativo en poco más de 250 páginas. Esto me lleva a destacar otra de las virtudes del libro: su alcance cronológico y geográfico. En efecto, me parece que no necesito ahondar en la dificultad que representa tener como objeto de estudio el vasto territorio latinoamericano (desde la Nueva España hasta el Mar de la Plata), enmarcado en una cronología que abarca más de trescientos años. Si a esto añadimos la influencia del ámbito europeo en general, y el hispano en concreto, en lo que se refiere a las universidades y considerando la erudición con la cual los autores lo abordan, nos daremos cuenta del enorme mérito académico que sustenta a esta obra.

La tercera sección del libro es la más copiosa y la que refleja el trabajo extraordinario de investigación de fuentes llevada a cabo por los autores. Se trata de una guía documental, como lo indica su título, de las 27 universidades y el estado actual de los archivos para reconstruir su historia. Iniciando por México, González y Gutiérrez detallan la estructura actual de los archivos, incluyen los estados actuales para su consulta e incluso la dirección, número telefónico, direcciones electrónicas y hasta los horarios de consulta. Este último elemento se agradece sobremanera en virtud de que gran parte del tiempo que tenemos los investigadores para consultar las fuentes es reducido por cuestiones económicas, por lo cual contar con esta información permite a los potenciales visitantes planear mejor sus estancias de investigación.

De esta forma, Enrique González y Víctor Gutiérrez han dispuesto una obra que en un primer momento nos permite comprender la manera en la que se han elaborado los estudios sobre las universidades, posteriormente propone un camino a seguir en cuanto a los enfoques y nuevas preguntas que se podrían realizar a nuestras fuentes primarias y, para terminar, nos proporcionan todas las herramientas para acudir a los archivos. El poder de las letras es, ante todo, una invitación a retomar la investigación documental, una provocación para dar mayor rigor a nuestra práctica y una guía que deja sin pretextos a los historiadores de las universidades, en el sentido de no contar con fuentes suficientes para escribir su historia, una historia seria, documentada y rigurosa. Retomo la primera frase del libro, para terminar: “es tiempo de despertar de su letargo a la historia de las universidades hispánicas del periodo colonial” y, sin duda, El poder de las letras es la campana que lo anuncia.